Mi regalo de bodas

Mi regalo de bodas

FIDEL Y AMPARO

Según vas avanzando en la edad, te van llegando al recuerdo personas que fueron importantes no solo en mi vida, si no en la de mis padres y en conjunto de toda la familia. 

Es natural que para mí sean con más conocimiennto que el que puedan tener mis otras hermanas, las llevo los suficientes años como para tener esa "memoria histórica"

De las personas que voy ha hablar hace muchos años que nos dejaron, del único hijo que tuvieron, nunca más se supo, así que el hecho de sacar a la luz las vivencias que tuvimos con ellos, no perjudicarán a nadie.

Como toda historia que despierte algo de interés, voy a empezar por el principio.

Una de mis tías, que vivía en casa con nosotros, se echó un novio llamado Raúl. Un hombre del que  su recuerdo solo lo revivo por las fotos que tengo del álbum familiar de mis padres. 

Lo tradicional en esa época era que la novia fuese preparando el ajuar, sábanas, toallas, lencería, en fín todo aquello que aportaba a la futura vida en común. 

Entre los padres del novio y mis padres se forjaron fuertes lazos de amistad, que como luego podreis leer, fueron más allá de lo que podría ser normal. 

Apenas era yo una mocosa de unos tres años y recuerdo esa casa donde vivían al principio de conocernos. Era por el barrio de Usera, en un último piso y contaban con una amplia terraza que hoy llamaríamos ático. 

Era frecuente que en esa terraza en verano, cuando aflojaba el sol, nos juntaramos todos, los hombres a jugar y las mujeres a charlar y cuidar de mi. Recuerdo que tenían un gato blanco y negro, muy dócil con el que yo jugaba. 

Esta familia, tuvo un golpe de suerte tocandoles el cupon de los ciegos de la época. Estabamos  en el año 1956. 

En mi casa con motivo de la enfermedad de mi padre, que no podía trabajar todo el tiempo, los ingresos eran más bien escasos. 

A mi madre se le ocurrió la feliz idea de montar una pensión en casa (de este asunto ya hablo en el apartado "Emprendedora"). Para llevar a cabo montar las dormitorios para los posibles huespedes, hacía falta una inversión, pero lo tenían complicado, no había dinero. 

Como con esta familia existía mucho trato, en una de las tardes que estaban juntos y comentaban el proyecto de mis padres, ellos, no dudaron en ofrecerles veinticinco mil pesestas que en ese tiempo era una pasta. Gracias a lo que les había tocado del cupón.

Como es natural, mis padres no sabían cuando podrían devolverles ese préstamo, pero Fidel no les metió prisa, ellos no lo necesitaban. 

Así que gracias a ellos pudieron solucionar su vida económicamente, aunque supusiera un trabajo enorme para mi madre.

Se prepararon las habitaciones y empezó la actividad de pensión en mi casa.

Las cosas luego se fueron solucionando. Mi madre estaba embarazada nuevamente, lo que añadía otra preocupación, atender a lo que viniera, a los huéspedes y todo lo que se tenía que hacer en una casa. 

Llegaban las Navidades, a mi padre le gustaba jugar a la lotería, quería buscar la oportunidad de conseguir un dinero que les hacía falta y lo consiguió. 

Les tocó un tercer premio del famoso sorteo de Navidad. Respiraron tranquilos, pudieron devolver el dinero prestado y les quedó un fondo de reserva, que no duró mucho, llegaron dos niñas gemelas a aumentar el núcleo familiar y ahí se tuvo que invertir algo de lo que quedaba. 

Después de esta deriva que he tomado con el tema de la lotería, lo que principalmente quería resaltar era la profesión de Fidel. Era maestro repostero, tenía unas manos excepcionales. Llegó a ganar un concurso preparando una figura de chocolate blanco, cuyo modelo era un picador a caballo. El equino tenía las manos en alto y el toro metía la testud para atacar al caballo.  Era impresionante.

El día de mi Comunión, fué él quien elaboró mi tarta, una maravilla, con un trabajo de una delicadeza excepcional.

Además de su mérito como pastelero, tenía una afición que era la pintura. Llegó a hacer copias de algunos cuadros de Goya. En casa de mis padres había una colección muy bonita de sus cuadros en general. 

Cuando me casé, nos regalaron un cuadro con unos panes que para mí es una joya. 

Hoy como consecuencia del fallecimiento de mi madre, tengo todos los cuadros en mi casa, de hecho, parece un museo.

Los domingos iban con frecuencia a visitarnos, así todos se distraían e incluso las peques de la familia, jugabamos con ellos a las cartas, un juego inocente con el que todos lo pasabamos en grande. 

Por cierto, al final el noviazgo entre su hijo y mi tia no prosperó, pero esa es otra historia.

Las fotos que pongo en esta entrada son de algunos de los cuadros que tengo de Fidel. 

 

 

 

Comentarios

Adela

22.11.2022 14:26

Todos tus relatos me gustan
Cómo sigues preciosa?

Comentarios recientes

26.11 | 16:00

Nunca me hubiera imaginado este final!!!

24.11 | 16:30

Madre mía qué interesante, pero nos dejas con la miel en los labios. Espero que al final tengamos un final feliz!!!

24.11 | 11:01

Yo solo he hecho una parte y lo recomiendo...es toda una experiencia!!

22.11 | 14:26

Todos tus relatos me gustan
Cómo sigues preciosa?

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